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TERESA DOMÍNGUEZ – FUENTE: LEVANTE-EMV
VALENCIA
El general de brigada Fernando Santafé (Bétera, 1956), máximo responsable de la Guardia Civil en la Comunitat Valenciana desde el pasado 1 de mayo, es consciente del delicado momento económico en que ha asumido el mando de la VI Zona. Aún así, se compromete a combatir la delincuencia «desde el terrorismo hasta los robos en los campos» y a mejorar las infrasestructuras en peor estado porque, en su opinión, «es el momento de demostrar, sobre todo los servidores públicos, cuánto podemos hacer por nuestro país». Todo un reto.

Se levanta atento para saludar y vuelve a tomar asiento tras su escritorio, cómodo, pero funcional. Sobre la mesa, un puñado de carpetas con documentos para firmar y apenas algún papel aislado hablan de organización, disciplina, pulcritud y eficiencia. «Siempre está así, no es por la entrevista», se disculpa con una sonrisa tímida. La sobriedad del ambiente encuentra el contrapunto sobre esa misma mesa: un cocodrilo de papel de un verde intenso que evoca unas manos infantiles sirve de sujeción a unos folios. «Lo hizo mi hijo», explica ufano. Tiene 10 años. Detrás, colgado en un tirador del armario, otro trofeo de padre orgulloso: una figura de papel de color rojo. «Ése lo hizo mi hija». Hoy tiene 18 años. «Esto ha estado en el Ministerio del Interior, ¿sabes? Han viajado conmigo a todas partes…», dice satisfecho.

Su retorno a Valencia es una vuelta por la puerta grande, pero llega en el peor momento para emprender proyectos propios, ¿Qué margen de maniobra tendrá con esta situación económica?
Es una satisfacción haber vuelto a mi tierra, a un sitio profesionalmente muy atractivo y que conozco, aunque el tiempo pasa y habrá que readaptarse. Dicho eso, el margen que tenemos es el que tenemos, Estamos en una situación complicada, difícil desde el punto de vista económico, y tendremos que adaptarnos a ella. A mí me gusta aquello que decía un presidente estadounidense: «No pienses qué puede hacer tu país por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país». Ésa es la obligación que tenemos ahora todos, especialmente los servidores públicos y los que, como la Guardia Civil, tenemos un especial sentido de la patria, de España y de nación.

Incluso cuando la responsabilidad de buena parte del desastre económico ha emanado de la mala gestión política y financiera? ¿Incluso en ese caso hay que pedir ese acto de fe y abnegación a los ciudadanos?
Hay que arrimar el hombro en cualquier situación. Nuestro lema, como todo el mundo sabe, es el todo por la patria. Y es el momento de responder a ese lema. No puede quedarse sólo en unas simples palabras, una frase bonita que figura en los cuarteles. Hemos de ser consecuentes y coherentes, y es un buen momento para demostrarlo. Y a veces se da en las situaciones más simples, no se trata tanto de una gran acción heroica, sino de la heroicidad del día a día. Hacer los mejores cestos con los mimbres que nos han tocado.

Aunque el Gobierno de Rajoy prometió no recortar en seguridad, la asignación económica para la Guardia Civil se ha quedado en lo justo para cubrir salarios y poco más, por debajo, una vez más, de la Policía. ¿Lo considera un agravio comparativo?
Las cifras hay que situarlas en su contexto. El Ministerio del Interior, lo sé, ha distribuido los créditos respondiendo a las necesidades de ambos cuerpos. No se puede juzgar por una cifra aislada. Si uno de los cuerpos ha tenido mayores necesidades materiales en un año, tendrá más dinero, pero no como premio. Lo sé, se lo garantizo, que estos presupuestos han sido elaborados de una manera equitativa. No hay agravio comparativo.

Su discurso fue correcto, pero sin quejas, ni reivindicaciones. ¿Es usted menos combativo que sus antecesores o es consciente de que las reclamaciones caerían hoy en saco roto por la crisis?
Uno cuando habla, intenta hablar de lo que cree y en lo que cree. Con independencia de la situación en la que estemos, creo que somos un proyecto bueno para España, creo profundamente en la Guardia Civil y creo que este proyecto lo tenemos que llevar adelante entre todos, los de arriba y los de abajo. Eso no significa que no se pueda pedir, incluso ser razonablemente pesado y tozudo en las peticiones. Ésa es entre otras mi obligación, pero creo que mi toma de posesión no era el momento. Eso ya es mi trabajo de cada día, intentar conseguir que los mimbres del cesto sean los mejores y los más numerosos. En el discurso preferí volcar mi pensamiento abiertamente y dar ilusión.

¿Qué ocurrirá con los cuarteles que están en peor estado?
Que intentaremos arreglarlos como sea… Ése sí que es un asunto que me preocupa, como ha preocupado a todos mis antecesores. Por ello, continuaremos intentando implicar a las instituciones locales, provinciales y autonómica, porque al fin y al cabo el beneficio es para todos, no sólo para la Guardia Civil. Si el servicio que se le presta a nuestro comarcano, a nuestro valenciano o al que viene de fuera es mejor, más cómodo, más efectivo y en dependencias mejores, eso beneficia a todos y mejora la imagen de toda la comunidad.

La idea no es nueva… Pero a mal sitio y en mal momento va usted a pedir dinero…
Pedir ayuda significa hacerlo en la medida de las posibilidades de cada uno, no exigir imposibles.

¿Cuáles son los cuarteles absolutamente prioritarios?
Un ejemplo paradigmático es el que alberga la Comandancia de Alicante. Está enclavado en un sitio magnífico, pero está en una situación penosa. De ésos, hay también ejemplos en las provincias de Valencia y de Castellón, pero no es el momento de citar aquí la lista, que existe y está elaborada en orden de prioridades. Después, hay otros cuarteles que necesitan atenciones de cierta urgencia. Un ejemplo es el de Gandía, que necesita una reparación seria. Intentaremos hacer lo que podamos con lo que tengamos, que es la frase de oro que nos tiene que guiar en estas circunstancias.

Con los recortes, ¿no es posible que baje la seguridad laboral de sus guardias o que acaben teniendo que dejar los vehículos inactivos por falta de mantenimiento?
No, no estamos en esta situación. Las previsiones presupuestarias cubren esas necesidades materiales. Hay que intentar ser estricto en el ahorro y en el uso de los medios, pero no estamos en una situación en la que se contemple reducir horas de servicio o prestación de servicios. Y desde luego, no está comprometida la seguridad laboral de los guardias civiles, en absoluto.

La última convocatoria de plazas fue especialmente tacaña. ¿No cree que la pérdida de efectivos disparará la delincuencia?
La prevención no pasa sólo por el número de efectivos, sino también por cómo distribuirlos a partir del análisis de la delincuencia, de la planificación por objetivos y de la mejora de procedimientos. En todo caso, hoy por hoy en la Comunitat Valenciana no nos podemos quejar en absoluto. Tenemos una cobertura de plantilla muy razonable para atender las necesidades que tenemos. Hoy por hoy, insisto; si la situación se prolonga, no sé lo que pasará, pero podemos aguantar un tiempo con la plantilla que tenemos.

¿Sería malo que la Guardia Civil acabase desmilitarizándose?
Malo no, simplemente perdería su sentido. La Guardia Civil es un cuerpo policial de naturaleza militar, si perdemos la segunda parte, dejaríamos de ser la Guardia Civil. No digo cómo sería, sino que sería otra cosa. El propio nombre explica esa dualidad: guardia, por el concepto militar de la defensa de una persona o de un puesto, y civil porque fue creada por el Duque de Ahumada para garantizar la protección de la población civil.

¿Considera que en este momento el guardia civil tiene sus derechos laborales bien defendidos?
Los derechos de los guardias civiles, en mi opinión, siempre han estado defendidos porque todos somos guardias civiles y siempre hemos tenido el mismo interés en que las mejoras tuvieran una adecuada respuesta, con mejor o peor acierto. Además, la legislación ahora ampara la existencia de unas asociaciones que sirven de cauce no sólo para pedir sino también para proponer mejoras laborales y profesionales. No hay que olvidar que antes de eso muchos mandos han logrado mejorar las condiciones de vida de sus guardias, entre otras cosas, porque es una de las obligaciones del mando. Lo primero es el servicio, pero lo segundo es las condiciones en que se desempeña. Desde un punto de vista egoísta, porque el que trabaja más feliz, trabaja mejor, pero también, y especialmente, porque es una cuestión de justicia.

Con los recortes en derechos, los ciudadanos tienen razones sobradas para estar enfadados con quienes toman las decisiones. ¿Ha pensado ya cómo afrontará las movilizaciones?
Somos un cuerpo policial que está a las órdenes del Gobierno legalmente constituido, por lo que obedeceremos las órdenes de ese Gobierno. Desde un punto de vista técnico, los especialistas en actuaciones de orden público tienen muy claro que nunca se llega al uso de medios coactivos de cierta fuerza si no es necesario. Se intenta siempre que eso sea la última «rato regis». Pero, por supuesto, el orden hay que defenderlo y los derechos de todos también, y lo haremos siempre bajo la égida y la dirección del Gobierno. Todos los cuerpos policiales tienen una regla de oro: no utilizar nunca una fuerza que no sea proporcionada y necesaria.

Hace más de medio año que ETA anunció el principio del fin. ¿Se han relajado los servicios de Información?
Nuestro trabajo sigue siendo exactamente el mismo, prevenir los actos más peligrosos como el terrorismo. Ahí no vamos a bajar la guardia. La política antiterrorista la marca el Gobierno, pero, para nosotros, mientras sigan siendo organizaciones delictivas y bandas terroristas, continuaremos prestándoles todo el trabajo y atención necesarios.

¿Qué peligro real entraña para la Comunitat Valenciana el terrorismo de corte islamista?
Ésta es la cuarta comunidad de España por habitantes y la tercera por riqueza. Estamos en un lugar geográfico de paso entre el norte y el sur, estamos en la costa, con buenas vías de comunicación y una climatología buena. Todo ello hace que tengamos un aporte grande de personas de otros países que viven y trabajan aquí. Eso quiere decir que, dentro de lo que es España, somos un objetivo más atractivo que otros para el terrorismo radical islamista. En ese sentido, tenemos que tener una mayor dedicación que otros a ese asunto.

¿Hay suficientes agentes dedicados a descubrir al que parece el nuevo delincuente: el cargo público que ha abusado de su poder y de su acceso al dinero de todos?
La Guardia Civil, precisamente, creó hace tiempo unidades específicas para perseguir el delito urbanístico. Pero, con independencia de que ahora haya más delitos de este tipo, no olvidemos que la corrupción se estudia dentro de lo que es el crimen organizado, porque forma parte de ese tipo de tramas que al final lo envuelven todo y que acaban teniendo hijuelas como el blanqueo de dinero o la corrupción de personas situadas en el poder. Y desde luego, la lucha contra el crimen organizado es una de las que tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional han intentado mejorar en los últimos años, en procedimientos y número de efectivos.


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